Agrandar la imagen

Sonata para violín y piano nº 3, en re menor, op. 108

 

Audio

 

Agrandar la imagen
  • David Oistrakh, violín
  • Sviatoslav Richter, piano
I. Allegro
II. Adagio
III. Un poco presto e con sentimento
IV. Presto agitato
Escuchar la obra en otra ventanaEscuchar

Agrandar la imagen
  • Viktoria Mullova, violín
  • Piotr Anderszewski, piano
I. Allegro
II. Adagio
III. Un poco presto e con sentimento
IV. Presto agitato
Escuchar la obra en otra ventanaEscuchar

vídeo

 

Agrandar la imagen
  • David Oistrakh, violín
  • Sviatoslav Richter, piano

 

Alice Tully Hall

New York, 1970

  1. Allegro
  2. Adagio
  3. Un poco presto e con sentimento
  4. Presto agitato

 

 

 

 

Johannes Brahms

Sonata para violín y piano nº 3, en re menor, op. 108

Esbozada a partir de 1886 y acabada durante el verano de 1888, a orillas del lago Thun (el último verano de Brahms en este paraje helvético apacible y acogedor), la Tercera Sonata para violín y piano, dedicada por el compositor a su amigo Hans von Bülow, está escrita con otra tinta que las dos precedentes. Brahms ha alcanzado los cincuenta y cinco años, algo más que la madurez: "la vejez se acerca con sigilo" (José Bruyr), el tiempo tormentoso y de confidencias han pasado. Pero no así el de una inspiración más soberanamente derramada en un lirismo sin trabas y tanto más imperceptiblemente dominada. Como subrayó Claude Rostand, "el material temático es aquí particularmente rico. Esta partitura no ofrece desarrollos cotrapuntísticos y sinfónicos tan rigurosos como era su costumbre, sino que fluye en total libertad". A diferencia de las otras dos sonatas, presenta cuatro movimientos; y el segundo -Adagio- constituye, ciertamente, la más emocionante de esta obra pujante, caprichosa y brillante a la vez, una de las más significativas de la gran "manera" brahmsiana y de toda la música de cámara del compositor.


1. Allegro alla breve (en 2/2): se observa desde la exposición (ochenta y tres compases) la riqueza de los componentes melódicos dispuestos a partir y alrededor de dos temas principales, el primero (presentado por el violín) notablemente expresivo, a la vez amplio y veteado de visiones épicas, y el segundo (en principio a cargo del piano solo) sin duda más melódico, pero apenas menos agitado. Sobre cada tema se incorporan dos ideas secundarias alternativamente líricas y rítmicas. La exposición concluye sobre amplios arpegios del piano. Aunque breve (cuarenta y seis compases), el desarrollo presenta la más alta cota de originalidad de este movimiento: por una parte, el contenido temático es completamente diferente del de la exposición (aunque el tema esencial, aquí presentado por los dos instrumentos, deriva incuestionablemente del contrasujeto con el que el piano acompañaba, desde el principio, el primer tema principal). Una pedal de dominante -la- en la mano izquierda del piano lo sustenta durante todo el tiempo, como si se tratara de un poderoso calderón: "Contrariamente a la tradición clásica que tras el desarrollo como un episodio destinado a que se pierda de vista la tonalidad fundamental de la obra, Brahms, aquí, la subraya apoyándose en la dominante. Así pues, este desarrollo se podría considerar como una especie de larga cadencia a la espera de la entrada de la reexposición" (Claude Rostand). Ésta es simétrica de la exposición, con pocas variantes (el tema inicial, por ejemplo, reaparece a una octava inferior). Finalmente, la importante coda (más de cuarenta y cinco compases) constituye una especie de calco del desarrollo central, con su insistente pedal, aunque esta vez de tónica. Con ella concluye firmemente este primer movimiento tan amplio de forma como copioso de ideas.


2. Adagio (en re mayor, en 3/8): en contraste, este movimiento es de construcción límpida y relativamente breve (setenta y cinco compases). Es una melodía tierna y apasionada a la vez la que constituye su tema principal, cantada por un violín ferviente, espressivo. El segundo tema, muy declamado, es envuelto por amplios acordes del piano. En una sección adyacente, los temas se presentan de forma diferente: el primero sobre un acompañamiento pianístico claramente más lleno, el segundo más ornamentado. La coda, sobre el primer tema, termina con maravillosa simplicidad esta página del Brahms más grande: "una de las más efusivas rêveries que hayan salido de su pluma y de su corazón" (José Bruyr).


3. Un poco presto e con sentimento (en fa sostenido menor, en 2/4): es una especie de scherzo distribuido en tres episodios que explotan con profusión dos temas. El primero, que impresiona por su nervio, es esencialmente rítmico y de aire ligeramente caprichoso: es expuesto en primer lugar por el piano y no hace intervenir al arco más que para acentuar acordes incisivos; en el compás 17, se surte de una idea secundaria muy voluble, antes de ser repetido, esta vez por el violín y de la posterior aparición, tardía y rápida, del segundo tema que confirma también la primacía melódica del violín. El episodio central puede ser considerado como una especie de desarrollo libre, de unos cincuenta compases; el tercer, claramente más corto (alrededor de treinta y cinco compases) no constituye más que una reexposición del tema inicial y de su idea secundaria. La estructura rítmica de este mismo tema es lo que explota y revaloriza la coda, con prodigiosa vitalidad.


4. Presto agitato (en re menor, en 6/8): la forma sonata se impone en este imponente final donde se hace necesario constatar la extrema movilidad de la disposición de los temas, consecuencia de la pródiga invención melódica que caracteriza a cada uno de ellos. Las dimensiones son vastas (trescientos treinta y siete compases) y la factura instrumental excepcionalmente brillante por su adecuación a los recursos complementarios -de timbre, de registros, de dinámica- de los protagonistas. El tema principal afirma, desde la exposición, un carácter ardiente, conquistador, con el violín sobre un sólido basamento pianístico. A una idea secundaria, que ya no tiene el mismo coraje, casi vacilante y en forma de diálogo entre los dos instrumentos, sigue un "puente" (compás 33) que conduce al segundo tema (compás 39), un coral en bellos acordes graves del piano que subraya el intenso canto del violín. A partir del compás 77 se asiste al despliegue de un tercer tema, en un crescendo en el que el violín apoya en imitaciones al piano. Veinte compases después, tema conclusivo -rítmico- de esta vasta exposición (más de ciento diez compases). Como en el Allegro inicial, el desarrollo sorprende por su relativa brevedad (apenas sesenta compases) y por la explotación que lleva a cabo de un motivo que no se había escuchado hasta entonces: una especie de amplio recitativo que se adjudica el violín sobre los acordes del piano. La reexposición, de proporciones bastante mayores, no aporta ningún cambio notable con respecto a la exposición. Y la coda, no menos importante que la del primer movimiento, da fin a la partitura con el brote espontáneo de los compases enérgicos del tema principal de este último movimiento.

 

  • F.-R. Tranchefort
  • Guía de la música de cámara
    pp. 253-255
  • Dirigida por Françoix-René Tranchefort
  • Alianza Dicionarios
    Madrid 1995